La Carlota: Una mujer, oriunda de Bolivia estaba acusada de haber explotado laboralmente a una adolescente de 13 años en un comercio.

ue imputada, procesada y enviada a juicio por el delito de trata de personas laboral. Se enfrentaba, así, a una posible condena cuyo mínimo es de cuatro años de prisión.

Cuando comenzaron las audiencias orales y públicas, en la torre de Tribunales Federales, a comienzos de este mes, pronto todas las partes entendieron que a lo sumo la mujer podía ser acusada de violar la prohibición del trabajo infantil, calificación legal que tiene mucho menos peso en la escala penal argentina (el mínimo de la pena es de un año de cárcel).

Al final, la jueza entendió que debía ser absuelta, pese a que el delito sí se había comprobado. ¿Por qué? Porque la mujer, oriunda de Bolivia, jamás habría entendido que en Argentina sí está penalizado que los niños y adolescentes trabajen.

Un choque cultural que acaba de dejar un fallo interesante en Córdoba.

De Oruro a La Carlota

Romelia Flores Condori nació hace 57 años en la población de Oruro, Bolivia. No alcanzó a terminar el colegio secundario y jamás aprendió a leer y a escribir. Todo en su vida fue rebuscársela para sobrevivir, más cuando quedó sola a cargo de sus hijos que hoy tienen 25 y 30 años.

Fue hace ya algunos años que el destino la llevó a La Carlota, donde se asentó junto a una de sus hijas para abrir un negocio de venta de ropa. Un domicilio que nunca dejó de ser para ella más que un refugio temporal, ya que cada vez que podía regresaba a su lugar natal donde se quedaba durante meses.

Según la causa penal, Flores Condori terminó procesada por “haber captado, transportado, acogido y explotado laboralmente a la menor de edad A.B.E., cuya captación se produce en la República de Bolivia a mediados del año 2013, siendo trasladada hasta la Argentina por medio de micro hasta la ciudad de Córdoba y de allí hasta la ciudad de La Carlota donde la alojó en su vivienda particular y la hizo trabajar en su negocio de venta de ropa denominado “Modas Flores” cumpliendo un horario de 8.30 a 13 y de 16 a 22 todos los días y en los ratos libres le hacía limpiar la casa de familia, reteniéndole el importe de sus haberes, el celular por un tiempo, impidiendo que la menor fuera a la escuela porque debía trabajar, aprovechándose de su estado de vulnerabilidad y la situación económica por la que atravesaba la víctima menor de edad en su lugar de origen; hecho que transcurrió hasta que la víctima se retira el 9/3/16”.

La víctima de esta historia tenía 13 años cuando Flores Condori le ofreció a sus abuelos llevarla con ella a Argentina. En Bolivia, la adolescente había quedado al cuidado de sus abuelos desde niña y a los 10 años había comenzado con venta ambulante de comestibles. Vivía en la pobreza, por eso ella y sus tutores no vieron con malos ojos el ofrecimiento de Flores Condori para irse a La Carlota, donde iba a vivir con esta mujer y la hija de ella, además de tener un trabajo y comida. Ingresó de manera irregular al país, ya que dijo ser turista y terminó por radicarse de manera indefinida.

Apenas comenzó el juicio, la jueza unipersonal del Tribunal Oral Federal N° 1, Carolina Prado, advirtió las dificultades de entendimiento que tenía Flores Condori, quien en todo momento le solicitaba al defensor oficial Rodrigo Altamira que le explicara las preguntas que iba recibiendo.

El fiscal Maximiliano Hairabedian entendió que la acusación estaba comprobada, que efectivamente Flores Condori había explotado laboralmente a una adolescente que por ley no puede trabajar, pero indicó que la configuración del episodio no se enmarcaba en el delito de trata de personas, ya que no se advertían otras condiciones para tipificar esta figura penal.

Por ello, Hairabedian indicó que la causa debía configurarse como un aprovechamiento económico del trabajo infantil, tipificado en el Código Penal argentino, y tras mensurar las condiciones socioculturales de la imputada, solicitó una pena de un año de prisión en suspenso.

Por su parte, el defensor oficial Altamira coincidió con el cambio de calificación propuesto por el fiscal y señaló, como atenuantes, que la imputada no sólo que no sabía leer ni escribir, sino que en su país de origen (Bolivia) el trabajo infantil para provecho de terceros es legal desde los 12 años. Por ello, propuso que Flores Condiri fuera absuelta.

No comprendió

Al fallar, la jueza Prado validó el cambio de carátula y terminó por absolver a la mujer. En los fundamentos que se conocieron en las últimas horas, la magistrada indicó que el delito sí estaba probado, pero que Flores Condori no había actuado de manera dolosa.

En ese punto, marcó una serie de consideraciones particulares: la joven no estaba esclavizada; no realizaba trabajos forzosos; si bien la paga era escasa, cuando la adolescente regresaba a Bolivia de visita la mujer le daba dinero; y no pagaba por el alojamiento ni por la comida que recibía, que era similar a la de la mujer y a la de la hija de ella.

Pero, sobre todo, la jueza hizo hincapié en el choque cultural que quedó en evidencia en el juicio. Si bien en Argentina está penado que trabajen menores de 16 años, en Bolivia este piso se estableció a los 14 años y, de manera excepcional, se autoriza a los niños a trabajar desde los 12 años a nombre de un empleador y desde los 10 años por su propia cuenta.

“Con una población de unos 10 millones de habitantes, según la Organización Internacional del Trabajo hay un número aproximado de 800.000 niños que trabajan en aquel país, la mayor parte de ellos concentrados en sectores como el agropecuario, comercio, manufactura y construcción. Un alto porcentaje lo hace en condiciones muy disvaliosas: en oficios considerados peligrosos, como la zafra y la minería, en trabajos con carácter informal, o sin recibir sueldo, porque trabajan ayudando a sus padres”, resaltó la jueza en los fundamentos.

A partir de este punto, y atenta a las precariedades educativas de Flores Condori, la magistrada trazó de manera lineal que la imputada aún conserva de manera universal las normas de su país, sin darse cuenta de que en Argentina rige otro marco legal.

“A través del mantenimiento de sus lazos familiares y sociales, puedo afirmar que Flores Condori pertenece y se identifica aún hoy con aquel entorno sociocultural (en Bolivia), que claramente la define, más allá de su residencia en Argentina durante varios meses al año”, resumió la jueza. Y firmó la absolución.

La importancia de conocer el marco legal

¿Se puede infringir lo que se ignora?

Fundamento. Al reseñar los motivos de la absolución, la jueza Carolina Prado remarcó que la acusada no conocía la ley argentina: “La inserción en una cultura que contiene pautas contrarias a la prohibición puede condicionar culturalmente la cognoscibilidad del injusto. Considero así que, al momento de comisión del hecho, Flores Condori ignoraba la prohibición cuya violación hoy se le atribuye y que dicha falta de conocimiento no le es imputable”



Autor:FM MÁS

Fuente: La Voz del Interior

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